Salvar nuestra alma en el último momento y la de muchas almas si conocen este escrito, en caso de no encontrar Sacerdote

 

 

Salvar nuestra alma en el último momento, si buscamos y no encontramos un Sacerdote, compartir este escrito podemos salvar muchas almas, muchas almas que están agonizando y no encuentran un Sacerdote.

 

Es importante que el Sacerdote confiese al moribundo y le dé la Unción de Enfermos, ya que aparte de prepararle para dar el paso a la VIDA, el Señor en ocasiones les devuelve la vida.

 

Pero si no hay Sacerdote que lo pueda asistir hay un medio eficaz: para estos casos extremos. La Iglesia nos brinda un  medio para salvar nuestra alma de la condenación 

 

en casos extremos, como por ejemplo accidentes , en esta pandemia, o cuando estemos muy grave y no podemos acceder a un Sacerdote para confesarnos.

 

Por eso es muy importante que compartan este escrito, pues muchas personas no saben , que si están a punto de morir y no hay un Sacerdote que los pueda confesar, pueden hacer una “contrición perfecta” ( que se explica más abajo que es la contrición perfecta)

 

Lo que se explica es para casos de muerte inminente y que no encuentren un Sacerdote.

 

En el Catecismo de la Iglesia Católica  dice lo siguiente:

 

Monseñor José Ignacio Munilla nos lo explica:

 

Punto 1451 del Catecismo de la Iglesia Católica:

 

Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es «un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar» (Concilio de Trento: DS 1676).

 

Monseñor José Ignacio Munilla nos lo explica:

 

No es adecuado ponerse a elegir sobre que es más importante en las diferentes partes del sacramento de la penitencia, porque todo ello nos ha sido revelado en conjunto; pero es cierto que si hay algo esencial en el sacramento de la penitencia es el de la contrición.

 

Sin contrición y arrepentimiento profundo, el sacramento pierde hasta su nombre.

 

Dice este punto que la contrición es: un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar.

 

El primer aspecto a tener en cuenta: la constricción y el propósito de enmienda, se explican de una manera conjunta. Porque si hay constricción, implícitamente también conlleva el propósito de la enmienda: la resolución de no volver a pecar.

 

Es importante que hablemos de la constricción hoy en día, porque posiblemente uno de los males de nuestra época, consiste en la pérdida del sentido del pecado: «que el pecado no nos duela».

 

De alguna manera, que nos hayamos connaturalizado con él.

 

Punto 1452 del Catecismo de la Iglesia Católica:

 

Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama «contrición perfecta» (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf. Concilio de Trento: DS 1677).

 

Esto es muy importante: distinguir entre «constricción perfecta y constricción imperfecta».

 

En el catecismo hablábamos de «constricción y atriccion»

 

Constricción es la constricción perfecta; y la atriccion es la constricción imperfecta.

 

Cuando alguien tiene «el amor a Dios sobre todas las cosas», tiene un dolor del pecado profundamente, y le duele porque su pecado supone «no haber amado a Dios sobre todas las cosas, no haber puesto a Dios en el puesto que el merecía»; esa es la constricción perfecta.

 

Entender que lo peor del pecado es haberle quitado a Dios del puesto que le corresponde, haber destronado a Dios de nuestra vida, y haber seguido falsos dioses.

 

Lo cierto es que en cualquier pecado que comente el hombre está adorando falsos dioses, da igual el pecado: robo: dios dinero; impureza: dios placer; vanidad: mi egolatría…

 

Es imposible caer en cualquier mandamiento sin haber caído primero en el «primer mandamiento: amaras a Dios sobre todas las cosas»: Quien peco robando es porque primero peco al no haber amado a Dios sobre todas las cosas… así en todos los pecados.

 

También se dice que «no hay constricción perfecta»

 

Pero es que incluso dice este punto que el acto de constricción perfecta obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental.

 

Quiere decir que cuando alguien se coniesa de un pecado mortal delante del sacerdote, es posible que ese pecado ya estuviese perdonado antes de que se lo haya confesado al sacerdote. Es posible que ese  penitente hubiese hecho un acto de constricción perfecta, y ya tenía perdonado ese pecado mortal; pero ese perdón incluía el voto de confesarse tan pronto como pudiese.

 

Es decir, que en el sacramento de la penitencia no tener porque coincidir el momento del perdón de pecado con el momento de la absolución.

 

No pasa lo mismo en el sacramento de la Eucaristia: el momento en el que se hace presente Jesucristo en el pan y el vino es en el mismo momento de la consagración.

 

Este es el motivo por el que la Iglesia, cuando una persona está en peligro de muerte, le aconseja que haga un acto de constricción con un voto de confesión: es que ese acto de contrición es parte del sacramento.

 

El sacramento de la confesión comienza antes de que uno haya ido al confesonario. El sacramento ha comenzado con el sentimiento de pecado, con el arrepentimiento, con el propósito de enmienda…

 

 Punto 1453 del Catecismo de la Iglesia Católica:

 

La contrición llamada «imperfecta» (o «atrición») es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia (cf. Concilio de Trento: DS 1678, 1705).

 

La diferencia entre constricción y atricción es que es un «dolor de los pecados», no por el motivo de no haber dado a Dios el lugar central de nuestra vida: «no he amado a Dios como se merecía»; sino que la atrición es por motivos un poco «egocéntricos».

 

Por cierto que tampoco son malos los motivos, ni mentira. El dolor de atriccion no hay que despreciarlo, porque es verdad «que por este camino me estoy haciendo daño a mí mismo, estoy perdiendo la dignidad…»; por tanto no despreciemos lo que es verdad. Porque además me dispone a ir viendo la luz plena.

 

Algo así vimos cuando veíamos en la parábola del «hijo prodigo». Este hijo comienza el retomo con un dolor de atriccion: «Cuantos criados en casa de mi padre viven más dignamente que yo… que bajo que he caído».

 

Pero el hijo prodigo llega al dolor de constricción habiendo pasado primero por el dolor de atriccion.

 

Que es un dolor egoísta…, «bueno, partimos de donde estamos, y de la realidad de lo que somos».

 

Es la Iglesia la que aprecia esa constricción imperfecta, aunque sea por miedo, o por la vergüenza: pero vete al sacramento de la reconciliación; y tal vez te encuentres con un confesor que te haga pasar del dolor de la atrición al dolor de la constricción, al dolor de haber dañado el amor del padre.

 

Por eso, aunque nuestro arrepentimiento no sea perfecta, acudamos al sacramento de la confesión, a manifestarle nuestros pecados con ese grado de arrepentimiento que tengamos; abiertos a que las palabras que recibamos «hagan luz» dentro de nosotros.

 

Los sacerdotes que hemos tenido experiencia de celebrar el sacramento de la confesión, que muchas veces hemos visto que el penitente alcanza el verdadero arrepentimiento en esa conversación que tener con el sacerdote.; el sacerdote le ayuda a ver cosas que él no había visto.

 

Es que la reflexión a solas con uno mismo llega a donde llegan, incluso puede ocultarse cosas que era importante que las viese y también dar importancia a cosas que no son tan importantes…

 

Pero cuando uno manifiesta ante el sacerdote las cosas es un momento de Gracia muy importante para alcanzar la constricción perfecta.

 

 Por esto dice este punto que la atricción:

 

Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia.

 

Es más, esa fórmula de la absolución de la Iglesia está supliendo, de alguna forma, esa carencia de constricción perfecta, incluso la esta sus citando al mismo tempo.

 

El amor de todos los Santos, que han amado a Dios sobre todas las cosas, la Iglesia que quiere tener a Cristo como su único Señor, intercede también por t ante Dios para que perdone tus pecados.

 

El pasaje de la mujer pecadora que está ungiendo los pies de Jesús y la murmuración que suscita esto a los que lo están viendo, los fariseos.

 

«Si este fuera un profeta sabría quién es la mujer que le está limpiando los pies…

 

Y Jesús les dice: «al que mucho amo, mucho se le perdonara; al que poco amo poco se le perdonara.

 

Que el auténtico antídoto ante el pecado es el amor; que tiene otro nombre y es la «constricción».

 

El amor tiene muchos nombres: la misericordia que es una manifestación del amor… «La constricción es una manifestación del amor: La misericordia es una manifestación del amor para con el prójimo; mientras que la constricción es el amor de Dios para con uno mismo: «Si Dios me quiere yo también me quiero»; «Si Dios es capaz de comenzar de cero conmigo, olvidando y perdonando el pasado, yo también confió en ese amor misericordioso de Dios: a eso se llama la constricción perfecta.